
Durante el transcurso del embarazo, la madre sufre una serie de ajustes fisiológicos para poder proporcionar al bebé los nutrientes necesarios. El organismo requiere una energía adicional para el crecimiento del feto, la placenta y los tejidos maternos.
El Comité de Nutrición Materna del Consejo Nacional de Investigaciones (EEUU), estima que el requerimiento metabólico durante el embarazo es de unas 40.000Kcal. Esto es para la mujer -media- con una actividad habitual y que tenga una ganancia ponderal de unos doce kilos durante el embarazo. Ello supone, que debe consumir unas 2.000 Kcal. al día.
El gasto calórico durante los primeros meses es mínimo, aumenta bruscamente en el segundo trimestre y permanece prácticamente constante hasta el final. A partir del tercer mes, las demandas extra se deben principalmente al aumento del volumen plasmático, del útero y de las mamas. En el último trimestre, el crecimiento del feto y de la placenta justifican la mayor parte de las necesidades energéticas extra.
Hay consenso entre los especialistas, en que la ganancia de peso durante el embarazo, es de un veinte por ciento del peso previo -el aumento no debería ser igual para una mujer con sobrepeso y una con bajo peso-. Esto se asocia con los mejores resultados maternos y fetales. Para ello, es necesario que la dieta tenga un adecuado balance de proteínas, hidratos de carbono y grasas, y un correcto aporte de vitaminas y oligoelementos.
El requerimiento de vitaminas y minerales durante el embarazo, es principalmente para cubrir las necesidades del feto y mantener óptimo el estado nutricional de la madre. Estas sustancias no pueden ser sintetizadas en el organismo humano. Es por ello, que el aumento de las demandas sólo puede ser cubierto con las reservas de la madre, a partir de la dieta o del aporte adicional. Importantes estudios han demostrado que la suplementación alimenticia durante el embarazo mejora los resultados del feto.

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